Emociones
A veces siento que me sacas de este mundo a otro, uno donde sólo tú me has llevado y del que no puedo ni quiero salir. Desde ese mundo, puedo ver este mundo en el que estamos de forma diferente. Las personas, las cosas, los acontecimientos, todo es exactamente igual, mas sin embargo todo lo percibo tan diferente... Un día te descubrí por casualidad del destino. Ni siquiera puedo decir que fue un encuentro de miradas, porque no sería sino hasta mucho después que tendría la oportunidad de ver esos ojos cafés como la avellana, que aparentan ser más claros de lo que son ante la luz del día y se vuelven oscuros, redondos, y tiernos, tal cual los ojos de un gato, en medio de la noche.
Desde que tuve la dicha de conocerte, me he acercado más a ti. Has sembrado dentro de mí una semilla, una pequeña semilla que ha germinado con la ayuda del tiempo y de los eventos transcurridos hasta la fecha. Todo lo que sé, es que empecé a regar esa semilla de a poco y me encariñé con ella. Las sustancias que dicha creación esparcía por mi cuerpo me hacían ver cosas que no veía antes, todo se veía colorido. De la nada, cosas que pensé que eran coloridas se volvieron grisáceas y aburridas, y cosas que creía monótonas tomaron un espectro colorido como un arcoíris. La luna se volvió hermosa ante la simplicidad de la Tierra, y quise huir a la luna contigo, sólo los dos, donde nadie nos hallara. Qué tonto era yo al no darme cuenta que mi visión tan distorsionada de la realidad no era más que el producto de las esporas venenosas que crecían dentro de mí, y se colaban e invadían mis ojos hasta el punto de nublar mi córnea, bloqueando la mayoría de la luz que alcanzaba a dar contra mi mirada y alterando la tonalidad de los pocos rayos de luz que apenas si podía percibir.
Como el anciano que soy relatando esta historia para aquellos que apenas crecen y no quieren seguir mis pasos, voy a retomar un punto que ya he tocado muchas veces. ¿Es repetitivo? Claro que sí, de hecho el repetirlo tanto hace que suene como si tuviera Alzheimer. ¿Es necesario? Absolutamente. Después de todo, si solamente soy un cúmulo de experiencias y conocimientos, ¿en qué me ayudaría ignorar o negar esas experiencias? ¿Qué es una galaxia sin las estrellas y el polvo estelar que la componen? Fue cuando me diste tu fruto que realmente supe qué eras. Después de haber germinado a costa de mí, te incrustaste en mi ser y usaste mis energías para darme ese fruto amargo pero adictivo como el alcohol. Intenté arrancarte, pero tus raíces se combinaron con mi sistema circulatorio, y nunca pude separarte de mí. Incluso después de romperte desde el tallo y tirarte lejos, seguías alimentándote de mí. Cuando menos me di cuenta, estabas nuevamente ahí, como si nada hubiera pasado. No me malentiendas, no fuiste solamente tú, fue la intensidad con la que te amé la misma que te hizo crecer de nuevo, la misma que te trajo de vuelta...
Volviste para seguir amargando mis lamentos. Lentamente las lágrimas de tristeza y compasión que derramaba se convertían en lágrimas de sufrimiento y desesperación. Podía sentir cómo cambiaba por dentro lentamente, no pudiendo hacer nada más que esperar al momento en que tuvieras suficiente, pero ese momento nunca llegó. Me di cuenta de cómo empecé a odiar eso que alguna vez tanto quise, pero aún así lo quería conmigo. Sabía que era una visión distorsionada, pero para ese punto no podría reconocer la realidad de la fantasía, aún si pudiera ver el mundo con mis ojos de antes, aquellos que veían todo gris. Esencialmente, te volviste mi droga más potente. Alteraste mi realidad y mi ser, y me hice adicto a ti, dejando todo de lado por tener más de "eso", "eso" que eres. Pronto las lianas y enredaderas espinosas brotaban de mis heridas, usando mi cuerpo como si fuera un simple títere y enterrándose profundamente en mí, para asegurarse de que me quede a tu lado por siempre y de destrozarme si me intento mover, alejar, u oponer aunque sea un poco de resistencia.
No pasó mucho tiempo hasta que, como un parásito necrótico, tomaste el control de mis pensamientos, mis discursos, mi conciencia, mi voluntad, mi "alma", mi existencia en su mera totalidad; me convertiste en el esclavo de tus órdenes y el complacedor de tus caprichos. Creaste una realidad para ti misma y me la presentaste como una realidad para mí. El pensamiento que más me induce insomnio en las noches, es el de imaginar el daño que tuvieron que hacerte en algún momento de tu vida para que sepas cómo dañar a una persona hasta su límite. Me hiciste, me deshiciste y me rehiciste. Me reconstruiste a tu voluntad y me sometiste. Ahora, desde acá donde estoy, al lado tuyo y sin posibilidades de estar en algún otro lugar, lo tengo claro. Quizás sea muy tarde, pero me he dado cuenta que no eres una criatura inocente que necesita de mi cuidado como yo creía, no; más bien eres un ser de eterna oscuridad que engulle todo a su paso, que nunca deja ver lo que realmente esconde dentro de sí mismo, y que sólo se preocupa por expandirse, sin importar cómo. Eres un espejo, reflejando absolutamente todo lo que soy hacia mí mismo. Reflejando cómo te dejé y volví, cómo convertí tus lágrimas de una muestra de dulzura en medio de tu desdén, a un momento amargo ocasionado por mí.
Mientras me conviertes en una parte de ti y doy mis últimos suspiros, me pregunto quién fue el verdadero victimario entre los dos. Miro atrás al mundo que solía conocer con nostalgia, melancolía, quizás rencor y uno que otro arrepentimiento, pero sin remordimiento alguno por lo que soy y lo que he hecho. Aunque quisiera sentir dolor para poder volver atrás y recordar el lugar del que vengo, no soy capaz de sentir tus espinas atravesándome de lado a lado cual aguja, pues ya no tengo juicio propio. Mis sentidos te pertenecen, junto a mi cuerpo, mis pensamientos, y todo lo que fui, soy, y seré. Justo antes de convertirme en el tallo de tu nuevo cuerpo, sonrío regocijándome de ser consumido por ti, porque aunque esté roto en mil pedazos, todos esos pedazos pertenecen al mismo lugar, un lugar que puedo llamar HOGAR.
