Amor, entre otras cosas...
Entre otras miles de cosas que la gente siente, yo también siento amor. ¿Qué es el amor? Es una sensación de comodidad generada por la costumbre y la conveniencia, nada más. Un animal se encariña con una persona que le da comida y lo cuida, mientras que nosotros nos encariñamos con personas que nos convienen y con las cuales estamos acostumbrados a estar. Yo me encariñé con mucha gente, yo los amaba a todos, pero en cuanto se acaba la conveniencia, se acaba el amor. Puede ser una situación estresante, una emoción pasajera, la falta de necesidad, el aburrimiento, y un sinfín de cosas más; el punto es que el amor tiene su fin. Así también ha sido mi relación con cualquier persona por la que he desarrollado afecto, absolutamente todos aman de la misma forma. Hasta que un día conocí un tipo de amor raro, que parecía más macabro que cualquier otro. Un amor tan cruel no debería existir, un amor aparentemente desinteresado. Era muy difícil leer qué quería de mí, pues siempre me daba la razón y me decía lo que yo quería escuchar, pero nunca tomó nada de mí. Estoy segura de que planeaba tomar hasta la última cosa que yo tuviera cuando menos lo esperara, quería que bajara mi guardia. Hice bien en alejarlo. Él se alejó por sí mismo antes que yo lo alejara, y justo en el momento en que más vulnerable me sentía; es claro que no quería estar acá de todas formas, y si no puede aceptarme como soy, entonces nada lo hace diferente de la demás escoria que ronda por el mundo, viviendo de las apariencias y rogando por atención. JAMÁS voy a caer tan bajo. Sí, jamás...
El amor lastima. La gente que habla tanto del amor y que se muere por un poco de él es gente que nunca lo ha tenido, gente que sale corriendo apenas les dan tan sólo una gota de ese deseado elixir, porque no saben cómo procesarlo y cómo responder a él. Sus palabras falsas de afecto se traban entre su lengua afilada y sus colmillos venenosos. Su expresión facial se ve tan genuina como aquellas mujeres con maquillaje excesivo mal aplicado y gustos excéntricos afines a la gente en su entorno, que sólo buscan y ruegan por un poco de atención de los demás. Sé cómo fingir una sonrisa, y sé cuando una sonrisa es fingida. Me queda claro que ninguno de ellos sabe lo que es el amor, porque si lo supieran, huirían de él. El amor siempre acaba, y cuando acaba se convierte en sufrimiento. En el mejor de los casos acaba con la muerte, pero rara vez ocurre ahí. Alguien como yo, que debe luchar día tras día para tan siquiera sobrevivir, no tiene tiempo de entretenerse con juegos de niños como ese.
Me da asco tener que despertar cada día, sólo para ver sus rostros. Siempre sonrientes, siempre bien, ignorando los problemas con los que lidian y agravándolos como consecuencia intrínseca de su mera personalidad, una personalidad que trata de imitar la fantasía, pero que sólo se ve caricaturesca en medio del mundo real. Nadie puede ser tan feliz en verdad, nadie puede sonreír siempre, y me harta que aparenten lo contrario. Yo jamás he podido sonreír así por tanto tiempo; mis momentos de felicidad son tan efímeros como el tiempo mismo, y al igual que el tiempo, se van para nunca volver. Quedan atrapados en mi memoria nublándose paulatinamente, hasta que se convierten en versiones distorsionadas, casi irreconocibles, de la realidad que alguna vez viví. Todo para ser eventualmente olvidados una vez que ya no importan. Esos momentos no importan, son el pasado, son breves, son ridículos. La gente feliz es ridícula... Y más aún la gente que intenta no ser feliz viviendo en un paraíso. Esa gente es la peor, es la gente que menos puede hablar de amor. Gente que no sólo ruega por amor y atención, sino que también quieren creer que saben y conocen todo, cuando son totalmente ciegos ante la cruel realidad en la que vivimos, una realidad donde sólo sobrevive el más apto. Yo soy la más apta, porque me he adaptado a sobrevivir en esta pocilga asquerosa en la que vivimos, y por más que cualquier persona me intenta herir, yo sigo acá, atrapada y sin opción de huir, pero sigo acá. El suicidio es para los cobardes, el afecto para los inseguros, y la atención para los inútiles sin cualidades destacables. El amor verdadero, se sufre.

